
Con el agregado de semillas de sésamo
Desde que me faltaban 3 meses para festejar mis ansiados 15 años, puedo decir que mi silueta cobró una real imagen en mi mente. No era gorda, pero tenía mis lindos kilos demás. En ese entonces, yo decía que mi mayor placer en la vida era comer. Deglutía con gusto y sin vergüenza alfajores de tres capas, 2 o 3 platos de ravioles, masitas Variedades, en fin, cualquier cosa que me pusieran en la mesa. Si bien observaba a mis amigas y evidenciaba con raciocinio que sus panzas eran chatas y la mia con formas en graciosa sucesión (cual catarata), no se puede decir que tuviese un trauma. Al contrario, hasta tenía mis enamorados que me querían como era.
Pero el destino, o como sea que suceda, quiso que me tranformase en una mujercita más estilizada. Con recomendación de mi Mamá y su certero consejo de “hay que comer de todo, pero en su justa medida” llegué a mi fiesta bastante más flaca y ágil. Así, en el correr de ese año adelgacé hasta tener mi peso actual, es decir, normal. De a poco fui abandonando los alfajores, las masitas, y las fui reemplazando por simpáticas galletitas de salvado.
Lo curioso del caso es que no sé si la vida sana me enajenó o qué pero ahora las galles me encantan, las verduras son mi plato predilecto, las frutas la mejor opción, y el agua la mejor bebida. ¿Qué sucedió en el camino? Calculo que el verme realmente mejor hizo que persistiera en abandonar esos hábitos de llenar con comida otros vacíos. De todas formas, lo realmente llamativo es que todo eso no hizo que me sintiera más segura conmigo misma. Recuerdo claramente que me sentía muy bien con mi aspecto y confiaba en que mis encantos eran atractivos. Por supuesto, hoy miro las fotos y pienso ¡qué horror! pero en su momento me sentía perfecta. Es eso lo que quiero resaltar. Más allá de que hoy en día me felicite por mantener una silueta medianamente armoniosa, la seguridad en una misma trasciende cualquier peso, moda, estilo, etc.
Hoy con 24 años traslado el peso a la intelectualidad. Ser más o menos inteligente o perspicaz no va a hacer que me sienta mejor con quien soy. Lo interesante es que, aunque sea cierto de que con lo años nos volvemos más sabios, uno puede aprender bastante también de la simpleza y autenticidad de otrora.


